Hemos visitado Santiago de Compostela para aprovechar las gracias que el Año Santo Jacobeo brinda a los peregrinos que visitan la tumba del apóstol Santiago. Me habían dicho que el próximo Año Santo será en 2021, y como los años no pasan en balde, pensé que el asunto se nos podía complicar para la próxima convocatoria. Así que decidimos ir este año. Nos ha acompañado un amigo chileno que estos días nos visita y que nos animó también a realizar esta peregrinación.
Tuvimos que explicarle a nuestro amigo del otro lado del Atlántico que los Años Santos Jacobeos son aquellos en que el 25 de julio (día del Señor Santiago) cae en domingo; y como los años bisiestos aportan al calendario una cierta irregularidad, resulta que los citados Años Santos, en vez de ser cada siete años, aparecen en el calendario en una cadencia regular de 6-5-6 y 11 años. Así que el próximo será en el 2021, y espero que mis hijos y mis nietos también lo aprovechen cuando llegue la próxima cita. Si la salud nos lo permite, les acompañaremos.
Esta peregrinación ha sido un verdadero regalo en medio de mis reflexiones y preocupaciones por las últimas noticias de prensa sobre los nacimientos de extranjeros (marroquíes y otros) en España y sobre las últimas cifras publicadas por Eurostat referidas a la llegada masiva de inmigrantes a nuestro país en los últimos años. Entretanto es España la “campeona de Europa” en el número de extranjeros no nacionalizados que residen entre nosotros. Son 5.651.000, o sea el 12,3% de una población de casi 46 millones de habitantes, el doble de la media europea, que es del 6,4%. De esta cifra, el 12% son rumanos, el 11% de Marruecos y el 7% de Ecuador.
Me llama la atención el escaso eco que tales noticias tienen en nuestro entorno. Salvo algún artículo o editorial en la prensa de estos días, la atención del ciudadano de a pie se centra en la vuelta al colegio de los niños y en las fiestas patronales que se celebran en estos días por doquier. Y nuestros políticos están en otra. Quizá haya sido motivo de preocupación para algunos que las próximas elecciones regionales en Cataluña coincidan con el fin de semana en que se juega el partido de futbol entre el Barça y el Real Madrid. Como dice el editorial del “El Mundo” nos falta realismo para abordar el gran problema de la inmigración.
Hablé de estas cosas y algunas más con el Señor Santiago en mi visita a la Catedral de Santiago de Compostela. Lo encontré tranquilo, son muchos los años que tiene, muchas las cosas vividas y abundante la sabiduría acumulada. Por sus pies han pasado generaciones y generaciones, nos solo de moros y cristianos sino de ciudadanos venidos de todos los países de Europa y de más allá. Siguen llegando ininterrumpidamente, y la vida sigue. Me llamaron la atención los miles y miles de jóvenes y no tan jóvenes, que con la mochila al hombro y con el bordón de peregrino en la mano se acercaban al altar del Santo para abrazarlo y recibir allí las fuerzas para el regreso a casa. Se podían oír muchos y diversos idiomas. Una verdadera muestra de integración a la sombra de lo sagrado y de lo trascendente.
Al comentarle mis ruegos y necesidades, noté como si Santiago ya los conociera. Efectivamente, sin yo pretenderlo, había hecho mías las peticiones que nuestro Rey, Don Juan Carlos, le planteara al Apóstol el 26 de julio de este año en la tradicional ofrenda al Patrón de España con motivo del inicio del Año Jacobeo.
El Rey le recordó al Señor Santiago que “estamos viviendo tiempos difíciles y complejos” y que necesitamos su protección y ayuda para “promover el diálogo y el consenso, la tolerancia y el respeto mutuo, el amor a la justicia y a la equidad, para reforzar los pilares de nuestra convivencia en libertad”. Don Juan le pidió también a Santiago que “fomentase todo aquello que nos une y nos hace más fuertes, que ensancha el afecto entre nuestros ciudadanos, que asegura la solidaridad entre nuestras Comunidades Autónomas, y que hace de España la gran familia unida, al tiempo que diversa y plural, de la que nos sentimos orgullosos”.
Yo no sé si los políticos que ahora nos gobiernan han estado este año en Santiago o si han leído las súplicas del Rey en su ofrenda al Apóstol. A mí me cuesta mucho sentirme orgulloso de todo aquello que la generación actual de “autoridades y responsables políticos” están haciendo, o deshaciendo, con los valores de nuestra cultura y sociedad. A pesar de todo, al despedirme del Apóstol le dije que sigo creyendo en los milagros, que mantenga mi fe. Parece que el Monarca también cree en esa posibilidad, él rezó por los políticos y responsables de la sociedad para que “atiendan con eficacia a los problemas de nuestros ciudadanos”. ¡Que Dios le oiga!
Por la experiencia de mis hijos y de mi nieto el mayor en sus peregrinaciones a Santiago sabía que cuando el peregrino llega al Pórtico de la Gloria de la Catedral “cansado por el camino” y deja que su fe se adueñe del corazón y domine el momento, los esquemas personales cambian. El que anduvo el camino y encontró al Apóstol experimenta una nueva dimensión de su existencia. Los grandes problemas se vuelven desafíos.
En el momento de la despedida escuché a un grupo de peregrinos de Albacete que en ese momento hacían su Ofrenda a Santiago. En la misma le prometieron cultivar las virtudes de la fe y de la esperanza, y no disminuir la medida de su confianza y de su compromiso. A la mañana siguiente regresamos felices a Madrid.
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