viernes, 12 de noviembre de 2010

El ser humano ideal (o el camino de perfección)

Los colores del otoño cubrieron por unos días mi mirada crítica al acontecer diario en la sociedad que me rodea. Fueron unas cortas vacaciones que me hicieron bien. Pero hay temas que me persiguen, y no me resisto a dejarlos pasar, sin permitir que mi teclado me ayude a plasmar sobre la pantalla algunos de mis pensamientos. Recordarán mis amigos y lectores el impacto que me produjo la noticia del Primer Congreso de la Felicidad en Madrid. Durante un par de días del mes pasado algunas ‘mentes brillantes’ nos quisieron regalar las mejores recetas para ser feliz (¡con bebida refrescante de la patrocinadora incluida!). Según estas recetas, pensé yo, mi caso no tendría solución, mi esfuerzo por conseguir ese estado ideal sería en vano.

No había concluido la lectura de las noticias sobre el congreso madrileño cuando llegaron a mi mesa unas reseñas de la prensa escrita sobre otro congreso, esta vez en Málaga, con el tema “El Ser Creativo”. Su título: I Congreso de Mentes Brillantes. Sólo el título del congreso refleja una autocomplaciente creatividad de los organizadores. Según las informaciones procedentes de Málaga fueron también ‘mentes brillantes’, esta vez veinticinco, las que se reunieron para darnos algunas pistas sobre cómo ser perfectos. Expertos en antropología, filosofía, sociología, genética, inteligencia artificial, investigación cerebral, nanotecnología, ciencia y tecnología, comunicación, artes y letras intentaron abordar el futuro de la humanidad y presentarnos sus recetas sobre el ser humano ideal. Celebro y agradezco que haya gente que piense en este país, aunque sólo tengan 21 minutos para exponer lo que pensaron (así eran las normas de esta reunión).

No puedo omitir que algunos de los expertos citados llegaron a Málaga a toda prisa procedentes de la reunión sobre la Felicidad, justo a tiempo para seguir recreándose en sus teorías, esta vez sobre la Perfección del ser humano ideal. “Tanto monta, monta tanto”, diría el Rey Católico Fernando si leyera las noticias de prensa sobre los dos congresos que comento. Una de esas mentes brillantes, presente en los dos eventos, es el conocido abogado y divulgador científico Eduardo Punset. A él se le atribuye la frase con la que han promocionado el congreso malagueño: “Dios es cada vez más pequeño y la ciencia es cada vez más grande".

De tal palo, tal astilla. No es de extrañar por lo tanto que el ‘camino de perfección’ de las mentes brillantes malagueñas (y madrileñas) no tenga mucho que ver con aquel célebre “Camino de Perfección” (éste con mayúscula) que nos regaló la santa de Ávila, aquella mujer recia, creativa e inteligente, llamada Teresa de Jesús. Por si alguno se anima a seguir el camino brillante, el más actual y según parece, el apropiado para el hombre moderno, copio y pego algunas de las propuestas y reflexiones hechas en el Congreso sobre el ser humano ideal: vive a la velocidad justa, porque ralentizar significa trabajar y vivir mejor y disfrutar más, es tolerante con otras culturas y religiones, es innovador y como ser creativo no tiene miedo al fracaso, gestiona sus emociones, se preocupa por el medio ambiente y contribuye a construir la paz.

Lo de gestionar las emociones me parece bien, pero no comparto del todo la reflexión de la antropóloga Helen Fisher sobre el requisito de una buena gestión emocional para obviar las dificultades producidas por posibles engaños amorosos. Ella opina que el amor romántico tiene unos efectos en el cerebro similares a los de la adicción a la cocaína y que un desengaño produce “no sólo dolor mental sino también físico”. Estará en lo cierto, pero si no recuerdo mal, algunos de esos “males de amor” de mi juventud fueron también en el fondo una delicia de la que no quisiera prescindir como hombre perfecto. Algunas veces vale la pena “morir de amor”, sobre todo a ciertas edades.

Hay dos brillantes propuestas más que rozan mi autoestima y ponen fronteras a mi esperanza de ser perfecto: una de ellas es, que el ser humano ideal habla perfectamente el inglés para ser un buen ciudadano del mundo global que nos limita y rodea. Mis nietos saben que, por culpa de la ocupación inglesa de Gibraltar y las ideas de mi padre, soy uno de los españoles que no aprendieron ni aprenderá jamás inglés. Una lástima; en verdad que no se puede ser siempre perfecto, al menos yo.
La otra propuesta viene de un gerontólogo brillante, Aubrey de Grey. Se refiere a que hay que hacer ejercicio, pues es una de las claves para poder vivir más, junto con no fumar y no consumir demasiadas calorías. Hasta ahí va bien, pero lo que me preocupa es saber que, según este señor, si tengo un estilo de vida sano y me dejo ayudar por los avances de la ciencia en el campo de la regeneración celular, podré cumplir los 1.000 años de vida. (Este detalle no se lo quiero comentar a mi mujer, porque tengo miedo a sus posibles reacciones. Por ejemplo: “¿Y quién va a aguantarte tanto tiempo, cariño?”).

Un testigo ocular malagueño escribe a propósito del citado I Congreso de Mentes Brillantes: “Ayer vi a algunos de los participantes llegando en brillantes Jaguar con pegatinas de la organización a la puerta del único hotel con cinco brillantes estrellas que hay en la capital, en el pasillo Santa Isabel, el Hotel Vincci Selección Posada del Patio. Justo enfrente, al otro lado del río, los Ángeles de la Noche (asociación benéfica malagueña), repartían bocadillos y café caliente a cientos de afectados por la crisis. Su motivación, el mensaje de un Dios que, efectivamente, nos pidió hacernos pequeños como Él. Estos cristianos, desde luego, no son nada brillantes. Los científicos sí que saben ser creativos.” Comentario de un andaluz fino y, por qué no, también brillante.

1 comentario:

  1. Antonio Mellado Suárez16 de noviembre de 2010 a las 2:20

    Quizás habría que llamarlos, " Los Brillantes y Felices Congresos de Mentes de cinco brillantes estrellas". La verdad es que no sabría decir porque la Ciencia ,la percibes tan lejos de los bocadillos y el café caliente, puede ser que tenga que ver con aquello de .que antes se hacian Catedrales y ahora se hacen Parques de las Ciencias.Personalmente pienso que estamos bien avanzados en lo que Martín Heidegger (filosofo alemán)nombraba como la decadencia fulminante de occidente,El cientifismo ,la desorientación de valores,convertir la vida en pura contabilidad, el relativismo,etc. Es cuestión de comprarte el libro de instrucciones,
    para que? pues eso..me compro el de ser muy feliz ,y ya está,tan contentillo! y así te evitas ir al Brillante Congreso de mentes brillantes.
    Un abrazo de otro andaluz!

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