viernes, 23 de abril de 2010

Benedicto XVI y la prensa laicista

Ya en los inicios de su pontificado el Papa Juan Pablo II puso de manifiesto su conocimiento y su aprecio con los periodistas y con los representantes de los medios de comunicación social. El sabía, y así lo expresó en algunas ocasiones, que estos profesionales, con su trabajo, “se hacían huéspedes de honor en millones de casas de todo el mundo”. En ese contexto los animaba a construir “puentes que unan y no muros que dividan” y, como buenos comunicadores, a servir al prójimo “con amor y de acuerdo con la verdad; más todavía, con amor por la verdad”. Las difamatorias campañas que desde medios influyentes de todo el mundo se lanzan en estos días contra el Papa actual, Benedicto XVI, y contra la Iglesia católica no tienen nada que ver con el amor al prójimo, ni mucho menos, con el amor a la verdad.

Cuando en agosto de 1974 dimitió en Estados Unidos Richard Nixon como consecuencia de la investigación que los periodistas del Washington Post, Carl Bernstein y Bob Woodward, habían llevado a cabo en el escándalo del Watergate, supe de la labor excelente que la prensa podía llevar a cabo en la construcción de la democracia. No puede existir democracia sin una prensa libre, porque los medios de comunicación independientes son el mejor fiscalizador de los gobiernos y de las demás estructuras de poder. Considero normal que los medios tengan sus tendencias conservadoras o progresistas, pero el problema se plantea cuando los teóricos “profesionales de la verdad” se dejan influir y “corromper” por el poder y sus estructuras o se dejan llevar por intereses nada transparentes.

Está claro que los “ataques continuos” de los medios de comunicación a la Iglesia y a Benedicto XVI de estas semanas se han convertido en manifestaciones claras de anti-catolicismo. No quiero comentar los últimos intentos por desprestigiar a Benedicto XVI de la agencia Associated Expres ni los comentarios magnificados, reinterpretados y malintencionados que de sus noticias hace el conocido periódico ‘El País’. Su corte marcadamente anticristiano hace que no me atraiga su lectura, y que por lo tanto no pueda opinar. Pero sí me voy a referir a un seguimiento personal que he realizado en las versiones 'online' de “elmundo.es” durante los últimos treinta días. Con ello pongo de manifiesto mi convencimiento sobre la existencia de un lobby laicista contra el Papa y contra la Iglesia católica, y que ese lobby llega a través de la prensa, la RED y la televisión hasta el salón de mi casa. Invito a leer al respecto el artículo de Massimo Introvigne que “ZENIT.org” publica el 26 de marzo (El gran bulo del “New York Times”).

El resultado de mi seguimiento en “elmundo.es” puedo resumirlo así: desde que se publicó la Carta pastoral de Benedicto XVI a los católicos irlandeses ante los casos de pederastia por parte del clero, el día 20 de marzo, hasta hoy, han transcurrido treinta y tres días. Durante este periodo “elmundo.es” publica noticias referidas al tema en cuestión en veinte días diferentes, aunque los periodistas de este medio reconocen que “España es un país con pocas denuncias de pederastia en el seno de la Iglesia católica”. En la versión 'online' de la noche del día 24 de marzo el periodista encargado de los temas religiosos en “El Mundo”, José Manuel Vidal, publica un artículo titulado: “La pederastia, la cruz del pontificado de Ratzinger”. El eco entre los lectores fue reducido, aparecieron setenta y un comentarios. Sin embargo la redacción de este medio publica el citado artículo de forma intermitente y, aparentemente, sin motivos que avalen la publicación del mismo. Se puede leer en los servicios 'online' de “El Mundo” los días 24, 25 y 27 de marzo; el 2, 3 y 4 de abril, y recientemente los días 8, 12, 13, 18 y 19 de abril. Todo ello multiplicado por tres ediciones al día. Y yo me pregunto: ¿Qué interés persigue este periódico con la publicación intermitente y repetida de tal aporte? José Manuel Vidal puede estar contento, no he visto cosa igual con ningún otro artículo de otros periodistas.

Como dice el profesor Massimo Introvigne, director del CESNUR (Centro studi sulle nuove religioni) en un artículo del 12 de abril sobre los bulos lanzados por la Associated Press contra el Papa, la consigna del “calumniad, calumniad, que algo queda” consigue que los titulares negativos sobre el Pontífice y la Iglesia queden en la cabeza de los usuarios más distraídos de los medios.

Yo, desde ‘Mi atardecer’, condeno sin paliativos todas las conductas depravadas de algunos eclesiásticos, y comparto con el Papa Benedicto XVI el sentimiento de vergüenza frente a las víctimas de los abusos de menores, pero me uno a todos los católicos y personas de buena voluntad que aprecian al Santo Padre y le agradecen su entrega al servicio de la verdad y de la justicia. Y alabo además su valentía al llamar la atención a algunos obispos por los graves errores cometidos en el pasado. Honestidad y transparencia pide Benedicto XVI a sus hermanos en el Episcopado. Es la única manera de “bajar los humos” a los actores del Lobby laicista que nos provoca y cuestiona, y de ser coherentes con las enseñanzas de AQUEL al que decimos seguir. Estoy convencido por otra parte que los nubarrones actuales pasarán, como han pasado tantas tormentas en los últimos dos mil años.

1 comentario:

  1. Queridos Paco y Anne.
    Con tu corazón de periodista sigua la batalla, mientras llega la próxima por la Nueva Bundesheim

    Cariños y gracias por tú apoyo por el NO al Comodato,
    orante pere. Fernando A. AVE MTA.

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