viernes, 9 de abril de 2010

El LHC o la "máquina del Big Bang"

En mis últimos años de bachillerato llegaron a Granada los primeros televisores. Fue un acontecimiento. Recuerdo que mis primeras imágenes televisivas las vi en la casa de una amiga a la que acudíamos frecuentemente yo y otros compañeros de clase, atraídos, no sé si por la simpatía de la anfitriona, que se llamaba Esperanzita, o por la novedad del invento que tenían en el salón de su casa. Ya entonces, supimos por nuestro profesor de física que aquella caja contenía un tubo de rayos catódicos, una especie de cañón de electrones inventado por Sir William Crookes a finales del siglo diecinueve.

Me he acordado de ello al saber de otro acelerador de partículas cargadas eléctricamente que estos días ha comenzado a funcionar. Mientras que el primero ocupaba algunos centímetros del televisor de mi amiga Esperanza, tiene el segundo tubo 27 kilómetros de largo y lo han enterrado a más de cien metros de profundidad, en un terreno cercano a Ginebra, fronterizo entre Suiza y Francia. Le llaman el Large Hadron Collider (LHC). (Yo me pregunto, ¿por qué lo habrán enterrado tanto?) Está construido en forma circular y pertenece a la Organización Europea para la Investigación Nuclear, conocida también por la abreviatura CERN. Ha tardado catorce años en construirse y se han gastado en su construcción más de cuatro mil millones de Euros (¡!). Realizaron las primeras pruebas en septiembre del 2008, y tras solucionar algunas dificultades iniciales, se arrancó nuevamente en noviembre del 2009, consiguiendo, a finales de marzo de este año, la primera gran colisión de haces de protones dentro del tubo. Ocho mil científicos de todo el mundo esperaban el gran momento. En las dependencias del CERN se brindó con champán.

El jueves 1 de abril, los periodistas escribían maravillas sobre la nueva máquina, la máquina del Big Bang o “gran explosión”. El acelerador había logrado recrear un “mini Big Bang” en su interior. Los científicos de Ginebra esperan recrear las condiciones en las que se originó el Universo, el momento en que se pasó de la nada a la creación de la materia, del espacio y del tiempo. Y todo ello según modelos matemáticos que ellos, los mismos científicos, han planteado previamente. Según los expertos, se ha conseguido un récord mundial en la historia de la ciencia, el director del CERN habló incluso del “principio de una nueva era para la física moderna” que permitirá en un futuro dar respuestas a numerosas incógnitas del universo y la materia.

Dice el Dr. Rolf Landua, experto en antimateria en el organismo mencionado, que a Dios le quedaron – en caso de que exista y fuera EL quien lo hizo - solo 10 ó 12 segundos después del “Big Bang” para crear los elefantes, los caballitos marinos, los virus, los plátanos, nuestro sistema solar, la vía láctea y todas las demás galaxias, y por supuesto, Adán y Eva y su descendencia. En una entrevista que concedió al periodista del diario alemán “Die Zeit” aseguró que la simetría del evento no fue perfecta y, hete aquí, que nosotros y nuestro vasto universo somos el resultado de un fallo de simetría en el cosmos. Yo me pregunto ¿qué habrá ocurrido en el pequeño “Big Bang” del 31 de marzo en Suiza? Parece que tardarán años en evaluarlo. Por de pronto, estoy satisfecho de que no se haya producido en ese momento un “agujero negro”, como algunos agoreros pronosticaban. El lago de Ginebra y los Alpes no se han esfumado.

Tengo un enorme respeto por los investigadores y hombres de ciencia. A ellos y a la tecnología que de sus conocimientos se desarrolla, debemos grandes aportaciones a nuestro bienestar diario. Un amigo, doctor en física por la Universidad Complutense de Madrid, me amplió horizontes al respecto hace años, en conversaciones que tuvimos, preparando algunos proyectos de investigación y desarrollo de la microelectrónica. Pensemos por un momento en la medicina, los rayos X, el láser, la tomografía, sin citar la “World Wide Web”, sin la cual no sería posible hoy ni la investigación básica ni el CERN. Cuando los científicos encuentren las respuestas a las miles de incógnitas que existen sobre el universo y sobre el hombre, habrá una cuestión que, a mi entender, quedará siempre abierta: ¿Quién soy yo? ¿A dónde voy? ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí?

Yo no quiero ser el resultado de un fallo de simetría en el cosmos. Me quedo con lo que aprendí de mis padres sobre el MISTERIO de la creación: que Dios creó todo con su sabiduría y por amor a los hombres, que ese mundo creado es bueno y está debidamente ordenado, y que lo hizo libremente y “de la nada”. Así lo decía la madre de los siete hijos macabeos, cuando los alentaba al martirio: “…… Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia.” En la noche de la Vigilia Pascual, tres días después del primer “mini Big Bang” de Ginebra, escuché en la iglesia de mi pueblo el bello y sencillo relato de la creación que hace el Génesis en sus primeros capítulos. Es la fuente de la que he bebido siempre y de la que quiero dar de beber a los míos, para que podamos encontrar respuestas a las preguntas que los científicos nunca nos podrán dar.

2 comentarios:

  1. Acabo de leer esta nueva entrada con la que Paco Nuño nos alegra la vida a un grupo de seguidores fieles entre los que tengo el honor de formar parte. Da gusto ver que existen personas que sepan unir lo divino y lo humano, de ver la belleza de las cosas pequeñas y de observar la vida con otros ojos a los que el ajetreo de hoy en día nos tiene acostumbrados. Enhorabuena, mi querido Paco, porque es un motivo de esperanza en este tiempo pascual leer cosas tan bien escritas, con tanto mensaje y que a uno le llenan. Un fuerte abrazo, enhorabuena y espero tu próxima entrada que seguro será tan buena o mejor que las anteriores.

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  2. Querido Paco: Mantienes tu espíritu joven con la curiosidad científica y la atención a cuanto acontece. Es un tema atrayente y siempre que puedo leo sobre él.
    No dejas de sorprenderme.
    Un fuerte abrazo Raúl

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