En la última cena familiar mencioné, sin muchas explicaciones, que tenía la intención de convocar en breve un “día de luto familiar”. No es que alguien de mi familia haya fallecido, sino que intuyo y temo que la familia misma está a punto de desaparecer en nuestra sociedad. No hablo de nuestra familia, pues la Divina Providencia nos “acarició” con todos y cada uno de los miembros de la misma, con los hijos y con los hijos de nuestros hijos y de sus encantadoras esposas. Uno de mis nietos quiso saber algo más, y le invité a que leyera mi próximo aporte al Blog “Desde mi atardecer”.
Las decisiones políticas de los últimos días en España me hacen recordar una vez más la célebre Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Pekín en el año 1995. La esposa de un matrimonio amigo, que fue miembro del grupo representante del Vaticano en Pekín, nos comentó a su regreso que los diversos “lobbies” presentes en la conferencia consiguieron imponer a los países miembros de la ONU el compromiso de incorporar la “perspectiva de género” en todas sus políticas y medidas legislativas. La oposición del Vaticano no sirvió para nada.
El gobierno español de R. Zapatero ha sido un discípulo aplicado y eficiente de los “lobbies” mencionados. La ideología de género se ha introducido en el ordenamiento jurídico español, llevando a una peligrosa subversión de los valores, sin que el español de la calle se entere y reaccione. El resultado de esta política es nefasto, incluso en aquellas áreas en donde sus autores muestran aparentemente un mayor interés, por ejemplo en la violencia de género. Las cifras lo revelan, en España son cada vez más escandalosas. El feminismo de género no construye, sino que destruye.
Veamos lo que ocurre con la familia. Uno de los objetivos de estos políticos es acabar con la misma, a la que consideran “la principal fuente de opresión de la mujer”. Diversas leyes de este gobierno, como la que modificó el Código civil en materia de derecho a contraer matrimonio para dar cabida a las uniones homosexuales (2005), o aquella otra que regula el divorcio unilateral y sin causa (2005), así como la referida a las técnicas de reproducción humana asistida del año 2006 y la tristemente célebre Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva publicada hace unos días en el Boletín Oficial del Estado, muestran la tozudez y eficacia con que el gobierno socialista, ayudado por los grupos minoritarios y más reaccionarios de la cámara, está transformando el tradicional Derecho de Familia, la cual ya no es objeto de protección alguna en nuestro país. Al contrario, la ley, sin tener en cuenta el derecho natural, decide qué es el matrimonio, que es la paternidad y la maternidad. Autores especializados en la materia destacan cómo en los textos jurídicos internacionales los términos “maternidad” y “procreación” están siendo sustituidos por el de “trabajo reproductivo”. Es una perla más de este trabajo de ingeniería social al que estamos asistiendo, a veces sin siquiera parpadear.
Antes de irse de vacaciones el gobierno de R. Zapatero nos ha dejado sobre la mesa una perla más, a simple vista de poca trascendencia, pero de un valor simbólico extraordinario. La abolición de los símbolos en la vida diaria es una señal trágica de nuestro tiempo, especialmente en nuestra querida España. El célebre “Libro de Familia”, vigente en España desde el año 1957, desaparece y será sustituido en el Registro Civil por una “ficha personal única”, en la cual constará todo el historial civil del individuo, con lo cual el nuevo registro pasa a ser un registro de personas y no de hechos. Todo ello, revestido de una modernidad aplastante y, eso sí, a consultar en una base de datos de Internet.
Cada hijo de vecina recibirá al nacer un “CPC” (Código Personal de Ciudadanía) que lo identificará ante propios y extraños, sin necesidad de saber si tiene familia o no la tiene, que eso para los gobernantes de turno no importa ni es relevante. No sé, ni me interesa saber, cuál será o es mi “CPC”. Ya pasé los setenta y tengo bastante con el DNI, ahora DNIe (Documento Nacional de Identidad electrónico), que dispone de un “chip” con mis datos personales, incluyendo posiblemente hasta el color de mis ojos.
Al leer la noticia de la próxima abolición del Libro de Familia me fui a la estantería, lo tomé en mis manos y lo admiré. Al leerlo me alegré de constatar que la familia iniciada con nuestro matrimonio en el año 1964 fue registrada a mano, con tinta y una caligrafía excelente por el encargado del servicio del Registro Civil del Consulado General de España en Düsseldorf/Alemania. El “Libro” me costó 20 pesetas de las de entonces, de las de “quince por un marco”. Después de los últimos acontecimientos lo pondré en una caja de madera y cristal, que colocaré – con el permiso de mi esposa - en nuestro salón, para que lo puedan contemplar las próximas generaciones de mi familia. Así me ahorraré la polémica convocatoria del sugerido “día de luto familiar”, con la que mis nietos mayores no estaban muy de acuerdo.
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