Ayer me encontré con mi pasado, fue un encuentro gratificante y agradecido. La gerencia actual de una empresa que yo fundé, y cuyos negocios puse en marcha hace veinticinco años, me invitó a dar un testimonio sobre la fundación y el desarrollo de la misma ante un grupo importante de clientes y amigos en un Hotel de Madrid. Llevo años ausente de este mundo empresarial, que tanto me dio y que fue para mí y los que colaboraron conmigo una escuela de humanidad y un verdadero laboratorio de solidaridad y responsabilidad. Ante todo, porque aquello que hacíamos y con lo que asegurábamos el sustento para nuestras familias, era algo que nos gustaba, con lo que disfrutábamos personal y comunitariamente. Y además era de todos, nos sentíamos una familia.
En mis relaciones con todas las personas que me rodearon en mi actividad empresarial tuve siempre presente aquella postura del fundador de la empresa Siemens, Werner von Siemens, reflejada en esta frase, que a él se le atribuye: “El dinero ganado sería como un hierro al rojo vivo en mi mano, si no le diera a mis fieles colaboradores la parte que ellos esperan del mismo”. Con la empresa fundada en Madrid allá por los años setenta, ellos y yo marcamos algunos hitos en la técnica de la generación, automatización y seguridad de la energía eléctrica en España desde nuestra reducida y ágil estructura empresarial. A veces, las más, todo salió bien, otras sufrimos con las circunstancias adversas del mercado. La otra noche en el Hotel NH de Madrid constaté que algunos de los que comenzaron conmigo siguen hoy trabajando en el mismo proyecto, con el mismo espíritu y con mayores responsabilidades.
Tuve la suerte de formarme en mis años jóvenes en la escuela empresarial alemana. Fueron dos grandes empresas internacionales y con un marcado carácter familiar en sus fundadores y en el estilo que legaron a sus equipos de colaboradores, las que me acogieron y me formaron. Recuerdo hoy todavía con cariño a la Gerling-Konzern Rückversicherung-AG de Colonia y a la Robert Bosch GmbH de Stuttgart. Allí aprendí a valorar el potencial y la importancia de las personas de cualquier departamento o sección empresarial. Allí escuché por primera vez que si la intuición personal del fundador y el consiguiente proyecto empresarial son importantes, más importante aún es el equipo humano que lo llevará a cabo. Y en el fundamento de todo ese entramado estaba la confianza mutua. Se contaba por los pasillos de la central de Bosch en la Schillerhöhe, cercana a Stuttgart, una frase del fundador, Robert Bosch, que refleja en parte su estilo: “Si se pierde el dinero, no hemos perdido nada, pero si se pierde la confianza, hemos perdido todo.”
Con ese recuerdo del pasado no tuve más remedio que recordar anoche públicamente, en el salón del Hotel citado al principio, a un amigo, entretanto fallecido, que construyó conmigo lo que hoy, veinticinco años después, celebra la nueva empresa. Nuestras relaciones fueron de una total confianza mutua, y al final se vieron coronadas por el éxito que buscábamos. El había cumplido ya los cincuenta y ocho años, rondaba los sesenta. Había perdido recientemente su trabajo, y un día, hablando con él, le conté de un proyecto empresarial, en el que solo existía la necesidad de mercado – sin descubrir por los propios actores -, un buen producto y una empresa alemana que nos apoyaba. Le transmití mi intuición personal y no le prometí nada. Le aseguré, eso sí, mi confianza incondicional en su capacidad. El captó el asunto, tenía la formación académica y humana necesarias, y se puso a disposición del proyecto. A los sesenta años reinventó su vida e hizo escuela. Al jubilarse, años después, dejó una obra en marcha que con el tiempo se ha consolidado, y es hoy la empresa líder del sector de la protección contra los rayos y sus efectos en España: la DEHN Ibérica. Al agradecer públicamente por este hombre, noté que algunos de los invitados al acto movían la cabeza y reflejaban en sus ojos la emoción del momento. Su nombre, Clementino Cabañas.
Agradecí y agradezco a mis amigos y antiguos colaboradores la invitación recibida, y agradezco también el encuentro personal con algo y con alguien de mi pasado. También en esta ocasión han estado los alemanes muy cerca de lo acontecido. La empresa alemana que apoyó en su día mi proyecto, es la que ayer también, junto a su filial española, celebraba otras efemérides de importancia. La empresa DEHN + SÖHNE ha cumplido 100 años desde su fundación y el nieto del fundador, mi amigo Thomas Dehn, aplaudió mis palabras y brindó conmigo por la amistad y por la confianza mutua que nos regalamos. Con esta empresa alemana tuve la suerte de cerrar mi vida profesional y empresarial. Un auténtico regalo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Pues que casualidad que hace unos días me acordé del Sr. Cabañas. Le recuerdo con cariño. Me marcó bastante cuando aún siendo bastante joven, en Murcia y en Palma de Mallorca me hablaba con sinceridad, y me indicaba como hacer las cosas algo mejor. Su caracter fuerte polarizó a todo el que tuvo que ver con él en algún momento. Yo le aprecié siempre mucho. Un derroche de energía y de temperamento.
ResponderEliminarGracias Paco por permitirme disfrutar de esos primeros años en los comienzos de mi carrera profesional.
Un abrazo.