Cuando la familia te ha celebrado los setenta y tú mismo has dado gracias a Dios por la abundancia de vida regalada, piensas a menudo en la gozosa y esperada ancianidad. Y lo haces sobre todo en las largas esperas de las inevitables consultas médicas. Algunas noticias de tu exterior te producen entonces un verdadero impacto.
La última fue la del trabajador del geriátrico de Olot, ciudad de la provincia de Gerona en Cataluña, que ha confesado haber matado a tres ancianas el pasado mes de octubre administrándoles un líquido corrosivo; una cuarta tragó también lejía pero se salvó por los pelos. El juez del caso ha ordenado la exhumación de ocho cuerpos de otros tantos ancianos que fallecieron estando el homicida de servicio, para descartar que éste los hubiese matado también. El detenido ha declarado que actuó “por amor”, para liberar a los ancianos de su deteriorada calidad de vida.
La noticia me recordó el caso del “ángel de la muerte de Wachtberg” en una pequeña localidad cercana a la ciudad de Bonn en Alemania. A una enfermera de una residencia de ancianos se le acusó de haber matado a nueve ancianas de la residencia en el año 2005. En su día fue juzgada, siendo su caso muy comentado en los medios de comunicación alemanes por las circunstancias que rodearon los acontecimientos.
Leí con este motivo un informe de algunos especialistas que analizaban los casos de tales asesinatos “por amor”, o por otros motivos perversos, que se vienen produciendo en los diferentes países occidentales desde el año 1976. Se inició esta tenebrosa costumbre con el caso del enfermero holandés que se quitó de en medio a cinco ancianos en un hospital geriátrico por medio de inyecciones con sobredosis de insulina, y siguió aquel otro caso, en 1983, del director de una residencia de ancianos en Noruega que fue juzgado y condenado por el asesinato de 22 pacientes y sesenta casos de eutanasia con otros tantos ancianos de su residencia. En otros países de nuestro entorno y de América se han dado casos similares.
Los expertos se preguntan qué motivos llevan al personal sanitario a matar a los ancianos que tienen a su cuidado. Desgraciadamente no encuentran respuestas convincentes y definitivas. Un psicoterapeuta alemán opina que muchos de los profesionales de estos centros están sobrepasados y exigidos en demasía por una sociedad que quiere ahorrarse en muchos casos el cuidado de los ancianos y la confrontación cercana con la muerte.
Es evidente que el estilo de vida actual en nuestra sociedad, con las exigencias del entorno laboral de la joven generación y la consecuente movilidad, hace necesarias soluciones practicables para el cuidado de los ancianos. La familia está ocupando y debería ocupar en cualquier caso en el futuro un lugar destacado y preferente para hacer frente al desafío de una población anciana y necesitada de ayuda cada vez más numerosa. Valga como referencia la última estadística del “Portal de Mayores” del CSIC. Un país como el nuestro, que tiene ya ocho millones de personas mayores de 65 años, dispone sólo de 5.490 centros residenciales con un total de 331.200 plazas para ancianos. Los poderes públicos deberían sostener y apoyar el entorno familiar para solucionar este problema. Y así nos ahorraríamos también los casos de esos “ángeles de la muerte” como el de Olot, que surgen de vez en cuando en los geriátricos y otras residencias y hospitales.
Mi madre vivió sola durante años y murió con ochenta y cuatro. Previamente había encargado a sus hijos que no la lleváramos a ninguna residencia de ancianos, ella quería morir en su casa. Y que si llegaba el caso, sería ella la que tomara un taxi y marcharía al centro residencial. No quería que sus hijos tuvieran mala conciencia por una acción semejante. Finalmente murió en su casa, fueron los hijos y alguna nuera los que la acompañaron durante las últimas semanas y horas, hasta que llegó el momento de la despedida. Según me contaron los hermanos, fue la gran oportunidad de experimentar fuertemente el amor que se da y se recibe.
Una experiencia similar se nos regaló con los últimos años de mi suegra. Estuvo postrada en cama durante más de tres años en la habitación en donde hoy escribo estas líneas. Aquí también murió. Fue un tiempo de entrega total para toda la familia. Nuestros hijos lo recuerdan gozosamente, para ellos fue la gran escuela de la solidaridad y del amor. Todos lo recordamos como un tiempo exigente y hermoso de dar y recibir, especialmente para su hija, mi mujer. La Oma (la abuela alemana) murió en medio de los suyos, cuidada y sin miedo alguno. Ella prefirió también a la familia.
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Fueron tiempos de sacrificar fiestas y descansos por devolver parte de lo que nos dieron (a nosotros pero especialmente a nuestra madre), mas que una exigencia aprendimos a hacer una entrega "por amor".
ResponderEliminarUn nieto
HOLA PACO
ResponderEliminarGracias por tus escritos. Te comentamos que nosotros, Tito y Caty, estamos en el tiempo del OTOÑO, donde podemos disfrutar de largos tiempos para hacer lo que más nos agrada. Tenemos tantas tareas como la de los tiempos donde teníamos que cumplir horarios.
Estamos disfrutando de nuestro Schoenstatt en una forma muy activa,en la de atender los caprichos de 19 nietos, y la de nuestros hijos. De nuestros cursos, estamos tratando de tocar temas de nuestras edades considerados mayores, o sea los cursos primero y segundo de Argentina. Esto nos está llevando a reflexionar sobre todo lo que nos pasa y vivir más en las manos de Dios.
Un abrazo, unidos en la misión. Rufino y Catalina.
"Las trastornadas mentes de esta sociedad desequilibrada"
ResponderEliminarLa Organización Mundial de la Salud,predice que para el año 2020, el 50% de los ciudadanos de occidente,padecerán depresión.Y teniendo en cuenta
que esta, está considerarda,como el mayor sufrimiento humano, de que trastornos,y desequilibrios serán testígos nuestros hijos?.
En un artículo,que leí hace unos dias,se hacía una comparación,de la calidad de vida en las residencias de ancianos,frente a las cárceles de este país.La diferencia es tan grande, a favor de las cárceles, que la tristeza e indignación,es dificil de exponer.
Creo que hasta que no comprendamos de forma,clara y profunda, que solo la compasión,el amor y la familia como pilar de todo
,no podremos disfrutar y experimentar lo que tú ,de forma tan bonita expresas: "Todos recordamos un tiempo exijente y hermoso de dar y recibir....
murió en medio de los suyos,cuidada y sin miedo alguno" Gracias Paco, por este bellísimo canto a la familia!.
Un fuerte abrazo