Lo de la absoluta libertad de información que se viene discutiendo en estos días a propósito de la publicación de los documentos de la diplomacia americana, filtrados por Wikileaks y su fundador, “filósofo” y financiero Julian Assange a unos escogidos y determinados medios de comunicación, me recuerda los inicios del destape en las playas de mi Andalucía. Algunas jovencitas y otras no tan jovencitas olvidaron lo valioso que era el pudor natural de la persona y se quitaron algunos trapitos para que todo el público pudiera admirar lo que, a veces, hubiera sido mejor que quedara escondido en la intimidad del hogar. Otros, más conscientes de que el abuso de su libertad podía lastimar la libertad de los demás, escogieron la Playa El Muerto, a un par de kilómetros de Almuñecar, para tomar el sol como Adán y Eva lo hacían en el Paraíso. La conocida y pequeña playa nudista era y es como un “Wikileaks” para los veraneantes granadinos interesados en el tema. Allí se sabe todo, bueno, casi todo.
Las opiniones de los responsables de la política exterior estadounidense sobre los políticos europeos parecen de chiste y denotan falta de imaginación en los responsables de suministrar las informaciones en los diferentes países de nuestro entorno. Como ejemplo cito la descripción que hacen del presidente del Gobierno español: lo definen como un político cortoplacista que supedita los intereses comunes al cálculo electoral. ¿Eso es todo? Las revistas del corazón y la prensa diaria ofrecen mejores descripciones y calificaciones del primer responsable político de nuestro país. Hillary Clinton tendría informaciones más serias si pasara a diario por el quiosco de mi pueblo.
Pero el asunto no es tan baladí. Yo estoy de acuerdo en que los responsables de la cosa pública deben dar cuentas a los que los eligen, y que la política requiere una transparencia para hacer posible la vida en democracia. Otra cosa es que aquí y hoy todos sepan todo, que hagamos de la vida pública una playa nudista. Si a la diplomacia le quitamos el secreto y la privacidad en sus deliberaciones le hemos quitado uno de sus valores más reconocidos. Estoy convencido que esta faceta de nuestro vivir político, la diplomacia, es una valiosa alternativa a los procesos de enfrentamientos y guerras entre países. Si una sociedad no tiene la posibilidad de llegar a gestar compromisos sin que los actores de los mismos pierdan la cara y queden en evidencia, viviríamos en un mundo mucho más peligroso que el actual.
Uno de los medios de comunicación alemanes, escogido por Wikileaks para manejar y propagar sus informaciones, cita al soldado Bradley Manning, informante que suministró al señor Assange los documentos de la Secretaría de Estado americana. El joven militar ha dicho para justificar su atropello: “Yo deseo que todas las personas conozcan la verdad”. Es el motivo que aducen también los de Wikileaks para publicar los documentos citados (“revelación de la verdad”). Pero me llama la atención que las revelaciones y documentos filtrados procedan precisamente de países que defienden y representan la libertad de sus ciudadanos. Me faltan informaciones y documentos de Rusia, de China y de otros países en donde reinan los déspotas y dictadores. Me faltan las filtraciones de documentos de organizaciones terroristas y bandas criminales. Es posible que Julian Assange y sus “colaboradores” piensen que con tales publicaciones sus vidas estarían expuestas a peligros mayores.
Por otra parte no creo que la absoluta libertad propagada por Wikileaks y sus oscuras fuentes de información contribuyan a que crezca efectivamente la libertad en nuestra sociedad. Si los gobiernos y demás ciudadanos se sienten con el derecho a saber todo de todos, a saber todo de mí, ¿a dónde queda la libertad de cada uno, a dónde queda mi libertad? Me parece más bien una anarquía muy propia de un mundo que vive sin valores. Hoy vale todo. Yo, por mi parte, quiero pensar que para admirar la belleza del cuerpo humano no tengo que pasar por la Playa El Muerto en Granada. Temo que con tanto destape y “espectáculo” se me quitarían hasta las ganas de alabar al Creador por la maravilla de sus criaturas.
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